
Terroir Radical
Vins amb lligams
Descubre vinos naturales, biodinámicos y de mínima intervención elaborados por viticultores valencianos que hacen las cosas bien, aunque sea más difícil. Vinos que hablan del lugar donde nacieron y de la gente que los hizo posibles.
La primera vez que probé un vino de Planta Nueva, el elaborador me dijo: "Esta variedad era muy común aquí, y por poco desaparece".
Esa frase cambió todo.
Descubrí que la Comunidad Valenciana tenía decenas de variedades autóctonas —Bonicaire, Forcallada, Arcos, Merseguera— que casi desaparecen tras la filoxera. A principios del siglo XX, 23.000 viticultores dijeron "no" cuando les pidieron que arrancaran sus viñas viejas para plantar Cabernet Sauvignon y Merlot. Guardaron en parcelas aisladas lo que el mercado rechazaba.
Lo irónico: esos vinos "raros" que nadie quería hace 30 años, ahora los buscan los críticos más exigentes del mundo. El mercado cambió. Ellos, no. Porque sabían algo que hoy redescubrimos: esos clones antiguos producen menos uva, pero producen mejor vino.
Terroir Radical existe para darle voz a esa terquedad.
Trabajamos exclusivamente con vignerones valencianos que elaboran vino natural. No porque sea de moda. Porque es la única manera de que una vieja Plantanova hable de verdad. El terroir —eso es: el suelo, el agua, la historia de una parcela— solo emerge cuando no hay fórmulas industriales entre tú y la tierra.
Algunos de nuestros productores trabajan dentro de las Denominaciones de Origen oficiales. Otros fuera, porque la burocracia nunca anduvo bien con los tozudos.
¿Qué significa esto realmente? Que cuando compras una botella aquí, no te llevas un vino más. Te llevas la decisión de alguien que dijo "no" cuando le dijeron que arrancara. El riesgo económico de hacer vino sin recetas. El coraje de creer que lo que crece en tu tierra vale más que cualquier moda pasajera.
Ser radical es recuperar lo que estaba a punto de desaparecer. Sin pedir permiso. Sin excusas.
Aquí solo encontrarás vinos valencianos de mínima intervención elaborados por vignerons independientes que devuelven vida a variedades que el mercado quiso enterrar.
Vinos con historia. Vinos que hablan del lugar donde nacieron.
Y si lo que buscas es sentir la tierra en la copa, no etiquetas bonitas...
Bienvenido a la resistencia.
Manifiesto


Localización de la producción vinícola a comienzos del siglo XVII en la Comunidad Valenciana
¿Quiénes somos?


Representación de hombres trabajando en la elaboración del vino.


Paisaje de la región Terres dels Alforins. Fontanars dels Alforins.
¿Por qué la Comunidad Valenciana?
Porque cuando todo el mundo dijo "sí", aquí alguien dijo "no".
A finales del 1800, la filoxera arrasó Europa. El resto de España eligió lo práctico: arrancar, replantear con Cabernet, Merlot, variedades que rendían, que se transportaban bien, que el mercado pedía a gritos. Negocio puro. Maximizar producción. Minimizar riesgo.
Pero aquí pasó algo diferente.
En 1910, cuando la filoxera llegó a Valencia, ya habíamos construido algo único: éramos la mayor productora mundial de vino a granel. 23.000 viticultores, decenas de variedades autóctonas adaptadas a cada comarca. Y entonces el sistema global nos dijo claramente qué hacer: simplificar. Plantar solo lo más productivo. Olvidar el resto.
La mayoría obedeció. Entre 1975 y 2005 se arrancaron 60.000 hectáreas de viñas viejas en toda España. Solo aquí resistieron algunas.
¿Por qué? Porque en las parcelas más pobres, en las comarcas más marginales, en los pueblos donde no había capital para replantear, quedaron los viticultores que no podían seguir la moda. No fue un acto heroico. Fue pura supervivencia. Plantaron Bonicaire, Forcallada, Giró, Merseguera, Mandó —variedades que nadie quería— porque eran lo único que tenían. O porque sus abuelos las habían plantado 200 años antes y simplemente no las tocaron.
Esos viticultores nos salvaron sin saberlo.
Hoy, la Comunidad Valenciana conserva una de las mayores diversidades genéticas vitícolas del Mediterráneo. Cada comarca es un universo diferente: la Bobal de Utiel-Requena (potencia, estructura, alma); la Merseguera del Alto Turia (frescura, elegancia, mineralidad); la Monastrell del Vinalopó (carácter, complejidad); la Giró de la Marina Alta (rareza pura). Son variedades que sobrevivieron en parcelas aisladas porque nadie las consideró lo suficientemente rentables para arrancar. Por eso son únicas.
Lo irónico es que ahora —exactamente ahora— el mundo vuelve a pedirlas. No porque sean baratas. Porque son auténticas. Porque un clón antiguo de Bobal produce menos uva, pero produce mejor vino. Porque la biodiversidad es lo opuesto a la globalización. Y porque alguien que busca terroir está buscando exactamente lo que las modas globales quisieron borrar: singularidad, no homogeneidad."
Terroir Radical existe porque creemos que eso merece existir. No como museo. Como vino vivo. Como verdad, bebible.
Nuestros criterios de selección


No buscamos vinos premiados ni bestsellers. Buscamos vinos que no existirían si no fuera por la terquedad de alguien. Trabajamos exclusivamente con pequeños productores valencianos que eligieron el camino difícil. Estos son los criterios que guían esa búsqueda:
Viña viva, no fábrica
Viticultores que trabajan sin herbicidas ni químicos de síntesis. Agricultura ecológica, biodinámica o en conversión — lo que importa es que entienden que una viña es un ecosistema, no una línea de producción. El suelo vivo produce uva diferente. Y la uva diferente produce vino que se te queda.
Fermentación, no manufactura
Levaduras autóctonas. Mínima intervención enológica. Sin correcciones técnicas que disfracen el origen. Aquí el vino expresa el año, el lugar y la variedad tal como son. Si fue un mal año, lo sabes. Si la parcela tiene personalidad, la pruebas. Eso es honestidad.
Variedades que casi desaparecen
Priorizamos a productores que trabajan con lo autóctono: Bobal, Monastrell, Merseguera, Giró, Verdil. Pero especialmente buscamos a los tozudos que recuperan variedades al borde de la extinción: Bonicaire, Forcallada, Planta Nueva, Arcos, Tardana. Cada una de esas variedades es un clon antiguo que produce menos volumen pero mejor vino. Son patrimonio genético insustituible. Y cada botella que vendamos es una apuesta porque sigan existiendo.
Escala humana
Viticultores que conocen cada viña, cada barrica, cada decisión. Familias que controlan todo el proceso: desde la poda hasta el embotellado. Producciones limitadas porque la cantidad es lo opuesto a la calidad.
Pasión, no moda
Buscamos productores que hacen vino por convicción. Gente que mantiene viñas viejas cuando sería más rentable arrancarlas. Que recupera parcelas abandonadas. Que vinifica variedades sin mercado porque creen que merecen existir. Viticultores que dijeron "no" cuando les pidieron que siguieran la receta global.
La verdad incómoda
No todos nuestros productores tienen certificación ecológica oficial. No todos están en las Denominaciones de Origen. Algunos trabajan en los márgenes del sistema porque el sistema no les deja espacio. Pero aquí está lo que importa: en la copa encuentras vino vivo. Vino con historia. Vino que solo puede venir de aquí.


