Nos vemos en la 4ª Feria de Vinos Naturales de Pego · 1 de Mayo · Plaça del Convent
Mandó
Garró — La negra olvidada que sobrevive en Viña vieja de altitud
Variedad Tinta | Comunidad Valenciana | En Peligro de Extinción
Descripción
El mandó es una de las variedades negras autóctonas valencianas más desconocidas y amenazadas. Durante décadas vivió como una variedad fantasma: presente en viñas viejas sin nombre, confundida con otras cepas o mezclada en plantaciones mixtas que nadie sabía exactamente qué contenían. La presión por arrancar viña vieja y plantar variedades internacionales hizo desaparecer cientos de hectáreas de mandó sin que nadie supiera lo que se estaba perdiendo. Una variedad que se fue sin despedirse, en silencio, parcela a parcela.
Hoy, gracias al trabajo paciente de unos pocos viticultores naturales y biodinámicos que identificaron y rescataron viña vieja, el Mandó ha revelado su verdadero carácter: un vino de cuerpo medio, taninos maduros y acidez natural que habla directamente del secano valenciano de altitud.
¿SABÍAS QUE...?
Los análisis de ADN realizados en 2021 confirmaron que el Mandó es un cruce natural entre la Hebén y el Graciano — dos variedades de carácter muy marcado — lo que explica su estructura, su acidez y su capacidad de guarda. Pero durante décadas nadie lo sabía, porque el Mandó vivía en medio de una confusión de identidad monumental: seis nombres diferentes según la zona — Barillol, Galmeta, Galmete, Garró, Morenillo, Valenciana Tinta — y una presencia fantasma en viñas viejas mixtas donde nadie sabía exactamente qué había plantado. Fue Pablo Calatayud, del Celler del Roure, quien encontró la pista definitiva gracias a un viticultor que cultivaba mandó para el vino que bebía en casa. Un hallazgo doméstico que desencadenó una recuperación científica. Ese descubrimiento reveló que la misma variedad que Torres había rescatado en Cataluña como "Garró" y registrado en el Registro de Variedades Comerciales en 2011, era el Mandó valenciano. Dos nombres, una sola variedad, dos territorios que la habían olvidado por separado y recuperado por separado sin saber que hablaban de la misma cepa.
Características de la uva
Aromas — Fruta negra madura (mora, ciruela), notas de garriga y sotobosque, floral discreto de algarroba, especiado suave de regaliz y balsámico en madurez completa
Sabor — Redondo y aromático, acidez equilibrada, taninos suaves y pulidos, final largo con fondo especiado
Cuerpo — Medio a pleno · Estructura equilibrada, apta para crianza y excelente en tinaja
Alcohol — 13–14% · Madurez fenólica conseguida en ciclo largo de otoño
Vendimia — Finales de septiembre, principios de octubre · De los últimos en recogerse en la zona
Tipo — Tinta tranquila · Excelente en monovarietal y coupages con Monastrell o Forcallat
Origen genético — Cruce natural Hebén × Graciano · Confirmado por análisis de ADN en 2021
Resistencia — Buena adaptación al secano calcáreo · Poco sensible a mildiu y botritis · Racimo mediano y compacto
Sensibilidad — Sensible al oídio · Delicada en suelos fértiles donde apelmaza el racimo y pierde calidad
Racimo — Mediano, troncocónico, compacto · Bien homogéneo en tamaño de baya
Baya — Pequeña · Piel fina · Color violáceo intenso en madurez
Ciclo — Brotación y maduración tardías · Ciclo largo que aprovecha la amplitud térmica del otoño valenciano
Vigor — Medio · Rendimientos bajos, especialmente en secano antiguo — la baja producción concentra todo el carácter
CULTIVO DE LA VIÑA
El mandó es una variedad que exige paciencia y terroir adecuado. Cultivada principalmente en secano calcáreo al suroeste de la provincia de Valencia — Moixent, La Costera, la zona de la "Toscana Valenciana" — ha demostrado una resistencia notable a la sequía, lo que la convierte en una candidata natural para la viticultura sin riego y con mínima intervención. Su vigor medio y su baja fertilidad hacen que los rendimientos sean escasos: una limitación que, en manos del viticultor adecuado, se convierte en concentración natural sin necesidad de vendimia en verde. La brotación y maduración muy tardías — recogida a finales de septiembre y principios de octubre — le permiten aprovechar la amplitud térmica del otoño mediterráneo, completando la madurez fenólica mientras conserva acidez natural. Poco sensible al mildiu y a la botritis, pero exigente en suelos: en tierras fértiles apelmaza el racimo y pierde toda la calidad. El Mandó necesita suelos pobres, altitud y viticultores que no tengan prisa. En las viñas viejas donde ha sobrevivido — a menudo mezclado con Monastrell o Forcallat en plantaciones mixtas — es donde muestra su carácter real: un vino que no compite en potencia, compite en autenticidad.


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